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23 de Abril de 2008

Visita al Parque de El Capricho

…Como si el tiempo envidiara el nombre que recibe este parque, o como si en su interior la meteorología se encontrara a su merced, un cielo que nos recibía con cara de póquer iba a desplegar, en una hora, preciosos y radicales cambios de estado que marcarían esta visita y sus jardines, en nuestra memoria, para siempre…

Como complemento a la asignatura de Estética, los alumnos de Arquitectura de Interiores tuvieron la oportunidad de sumergirse en los jardines del Capricho.
Las puertas de este parque, que fueron abiertas de propio para ellos, albergan una de las configuraciones paisajísticas más bellas de Madrid.

Con una superficie de 14 hectáreas y un estilo claramente romántico o pintoresco, es el único que existe en Madrid de esta corriente estilística y uno de los pocos ejemplos de jardines privados que nos han quedado.

Si en el Museo del Prado, se descubrían las claves de la belleza en la Edad Antigua y
medieval, con la visita al Parque del Capricho nos acercamos a la idea acerca de la belleza y el arte que se tenía allá por el S.XVIII. Una Belleza, grandiosa, elitista, colorista, sugerente, sensual, galante y sobre todo caprichosa.

Mandado construir por la duquesa de Osuna, el parque de “El Capricho” forma parte de una finca de recreo, que presenta influencias artísticas inglesas, italianas, pero sobre todo francesas y que ,en cierta forma, nos recuerdan al palacio de Versalles con esa larguísima entrada flanqueadas por arboles y setos cuidadosamente podados y manipulados, o con ese enorme laberinto de arbustos.
Esto no es de extrañar, ya que el diseño de estos jardines fue encargado al arquitecto Jean-Baptiste Mulot proveniente de la corte francesa.

Los Duques de Osuna, nobles afrancesados y grandes mecenas de artistas (entre los que merecen destacarse el pintor Francisco de Goya y el músico italiano Boccherini) vivieron en una España en pleno estallido popular.
Son los años de la Guerra de la Independencia y los Duques se construyen esta residencia en las afueras de Madrid, como un pequeño paraíso donde olvidar los problemas políticos que asolaban el país, disfrutando de una vida relajada y familiar.

Pero si bien, “El Capricho” era este lugar de relax y vida en familia, fue famoso también por sus fiestas, que se iniciaban con la llegada de la Primavera. Reyes, nobles, escritores, poetas y pintores disfrutaron en sus jardines de espléndidas veladas musicales, bailes elegantes y juegos de lo mas variado.

El Capricho es un lugar rebosante de historias. Tras la muerte de los Duques, éste pasó a la propiedad de su nieto, Pedro Alcántara, que mantuvo en perfecto estado y al que aportó alguna nueva construcción, como la que se conoce como plaza de los emperadores. A su muerte paso a manos de su hermano, quién lo descuido y poco a poco fue quedando abandonado.
En la guerra civil el parque será horadado con túneles subterráneos y búnkeres e incluso un avión aterriza forzosamente sobre el laberinto, destrozando su trazado.
Unas décadas después en 1974 el Ayuntamiento de Madrid compra el Parque y en 1985 tras ser declarado Bien de Interés Cultural, comienza un proceso de reformas para su recuperación que lucha por rescatar del olvido este precioso lugar.