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10 de Abril de 2008

Visita al Museo del Prado

Rodeado de las enormes esculturas en bronce de Igor Mitoraj, el Prado esperaba.

Este enorme museo, un proyecto concebido en 1786 y fundado en 1819(todavía en vida de goya, por lo que éste pudo ver sus obras expuestas junto con las de los grandes genios de todas las épocas), que surge entre otras razones para satisfacer la necesidad del rey Carlos III de recopilar las mejores obras de arte de su momento y la de antigüedad, ha sido ampliado recientemente con un nuevo edificio que incorpora más de 22.000 metros cuadrados de superficie (un incremento de más de un 50% sobre la superficie anterior), y permite disponer de una forma más ordenada y amplia los diferentes servicios públicos y funciones relacionadas con la exhibición y conservación de las colecciones del museo.

En su interior se desarrolló la visita del pasado 27 de Marzo, que tenía como tema, el estudio del concepto de belleza en el mundo clásico y medieval.

La evolución histórica de este termino y detenerse en la comprensión de la misma, forman parte del temario de la asignatura “Teoría del interiorismo y Estética”, perteneciente al 2º curso de arquitectura de interiores, y cuyos principales objetivos académicos son precisamente la reflexión en torno a la idea que a lo largo de la historia se ha tenido acerca de la Belleza, el arte, el artista o la experiencia del espectador ante la obra de arte…

La visita a esta pinacoteca, una de las más importantes del mundo, y que posee una inigualable colección de pintura española, italiana y flamenca, comenzó con un pequeño recordatorio de algunos conceptos fundamentales desarrollados en las clases de esta asignatura.

Se partió del amplio y variado concepto que los griegos tuvieron acerca de la belleza. Una idea que varía según las diferentes corrientes filosóficas y cuya evolución queda proyectada a través de la extraordinaria colección de escultura clásica que albergan salas casi olvidadas por la mayoría del público de este museo.
En ellas, pudieron ser apreciadas las replicas romanas (ya que son las que han aguantado hasta nuestros días) de las creaciones originales griegas.

De los seguidores de las teorías pitagóricas, en las que Belleza era igual a medida, simetría, eternidad y que se hacía perceptible a partir del número y las formas geométricas perfectas, se exponían principalmente esculturas de atletas, hombres de medidas perfectas.
Su evolución, una nueva belleza. Más subjetiva, variada, sin límites y singular, plasmaba las ideas que Aristóteles o los filósofos Sofistas habían valorado por aquellos años.
Y así de la Grecia Clásica y Helenística se pasó a Roma, con sus retratos imperiales y
simbólicos ( el arte asume nuevos papeles, ya no sólo habla de dioses o de
cómo sería el hombre perfecto; sino que es la mejor propaganda del poder).

Un gran viaje en el tiempo, un salto de cinco siglos, acercó la visita al periodo posterior a la caída del Imperio Romano.
En este momento histórico, Dios se conviertía en el centro del Universo y era para él para quién se construirán las principales obras ( iglesias y Catedrales). La Naturaleza y el hombre serán consideradas sus obras de arte mas perfectas y los artistas, anónimos en su mayoría, recrearán un código visual a base de símbolos que materialicen todas aquellas ideas y dogmas cristianos.

En las salas de arte medieval se pudo disfrutar de la decoración mural de la
iglesia segoviana de Maderuelo con sus frescos simbólicos y los originales
murales trasladados desde la ermita de San Baudelio de Berlanga en Soria.
Por último la visita finalizó con una obra del S.XVI, El Jardín de las Delicias del Bosco. La obra favorita de Dalí. Un tríptico donde el artista recrea todo un mundo aún vinculado a la estética donde lo feo y lo monstruoso forman parte de su universo personal.